El IoT es un fenómeno que se originó con los ordenadores portátiles, teléfonos inteligentes y tabletas, y que pronto se extendió a varios electrodomésticos y objetos cotidianos como televisores, coches, relojes, neveras, lavadoras, ropa… Básicamente implica que cualquier producto está interconectado con otro de su alrededor. El objetivo, claro está, es que estos dispositivos se comunique entre sí, sean más inteligentes e independientes del hombre.

¿Porqué este concepto está en boca de todos? ¿Cómo va a influir en nuestras vidas? Muy por encima del avance que supuso la era tecnológica, su implantación tendrá un impacto económico y social brutal, tanto, que estamos seguros que el ciudadano de a pie no es todavía consciente de ello (las compañías sí)

Algunos ejemplos prácticos

Nuestros frigoríficos dispondrán de wifi y al llevar SO Android, podremos ejecutar aplicaciones desde ellos: control de temperatura interior, recetario, sincronización con Google Calendar, advertencia al móvil del usuario si la puerta se ha quedado abierta, control de la fecha de caducidad de los alimentos y que nos avise. El usuario puede realizar las compras directamente desde la pantalla tactil al súper habitual, incluso en un futuro no muy lejano es posible que el propio dispositivo detecte p.e. que si e falta leche y es una compra recurrente,  lo realice de forma automática. Al estar conectados a las cuentas bancarias, podrán realizar transacciones.

Wearables. Relojes inteligentes (smartwatches), gafas (smartglasses) y pulseras (smartbands): estos dispositivos recogen información del usuario a través de los sensores, se conectan a internet e intercambian estos datos con servidores externos y otros dispositivos de su alrededor. La información que recopilan es muy personal y a día de hoy no cumplen con unas medidas de seguridad que garanticen la privacidad de los datos. El debate está encima de la mesa, ya que la transmisión de los datos entre el dispositivos y los administradores de las aplicaciones es pasto para que los cibercriminales puede extraer información sensible, como por ejemplo la forma física del usuario, la cantidad de kilómetros que recorre cada día y el medio de desplazamiento que utiliza, las horas de sueño, etc…

Tecnología en el hogar /hogares inteligentes. Distribuyendo una serie de sensores y procesadores, podríamos automatizar tareas cotidianas como las ventanas, la temperatura (calefacción o aire acondicionado), las luces. Al estar conectados a la nube, podemos tener acceso con una sola aplicación a todos los dispositivos de nuestra casa y controlarlos desde el móvil. Un buen ejemplo de ello es SmartThings de Samsung.

Vehículos. El sector del automóvil y otros gigantes como Google y Apple han visto un filón en este campo. Si los vehículos estén conectados entre sí, podemos saber por adelantado el estado del tráfico, si hay un accidente o la carretera está en mal estado. Otra revolución son los coches sin conductor, un vehículo capaz de llevarnos sin necesidad tener interacción con nosotros el algo que hemos visto en las películas, y que está mas cerca de convertirse en realidad. Muchos países están acelerando cambios legislativos que lo permita en su código de circulación. Otro debate abierto es el tema de cómo securizar los datos, las comunicaciones y evitar la suplantación de identidad.

Las Smart Cities es la razón del IoT.

Si antes hemos visto la posibilidad de tener un hogar conectado, imaginaros lo que supone aplicar el IoT a una edificio de oficinas o una infraestructura pública o una ciudad entera. Ésto que parece de ciencia ficción tiene multitud de aplicaciones prácticas en:

Suministro, consumo de energía, residuos: Sensores de luz, temperatura y humedad permitirían un control más eficaz de la climatización, la iluminación en edificios y la retirada de residuos urbanos, para conseguir un ahorro energético.

Mejoras en el transporte, movilidad y aparcamiento: gracias a los vehículos inteligentes tendremos una conducción automatizada, y a través de aplicaciones online podemos encontrar plazas de aparcamiento libres y pagar con nuestro teléfono. Tendremos visibilidad del tráfico en toda la ciudad, y de buscar rutas alternativas en caso de atascos.

La sanidad: para monitorizar a los pacientes y conectarlos a los médicos y demás profesionales sanitarios (personas mayores que viven solas y que necesitan asistencia telemática).

 

Como hemos visto el impacto que tiene El Internet de las Cosas en nuestras vidas es enorme, pero también ha puesto de relieve que son dispositivos son vulnerables, por tanto el debate es cómo evolucionamos a un mundo cada vez más interconectado, almacenando cantidades ingentes de datos, sin que la privacidad de los mismos se vea comprometida. ¡Ahí está el reto!

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